martes, 17 de febrero de 2026

Hoy por ti... Mañana por mi.

 

Un hombre estaba sentado en la acera, encorvado, con las manos escondiendo su rostro y los hombros cubiertos por una manta sucia. Era un mendigo. Nadie sabía su nombre, solo lo llamaban "viejo Silas".

La mayoría pasaba por él como si fuera parte del paisaje.

Pero en aquella mañana fría, una hermosa mujer se detuvo frente a él. Vestía un vestido ajustado que abrazaba su silueta con elegancia. Los tacones altos del mismo color resonaban con firmeza a cada paso. Los cabellos largos bailaban con el viento de la ciudad, y un perfume discreto que parecía pertenecer a otro mundo.

 


Silas levantó los ojos, desconfiado.

—No tengo cambio —murmuró, intentando alejarla con la mirada.

Ella sonrió. Una sonrisa que no juzgaba.

—No vine a darte cambio. Vine a ofrecerte un almuerzo.

Él se rio, sin humor:

—Excelente. Después del banquete que tuve con el presidente, voy a querer postre también. Ahora déjame en paz

Ella no se movió. Solo extendió la mano

—Por favor. Solo acompáñame

Un guardia municipal que observaba desde lejos se acercó.

—¿Todo bien aquí, señora?

—Sí —respondió ella, con firmeza dulce—. Quiero solo llevar a este señor a comer conmigo.

El guardia la reconoció

—¿Está segura? Ese es Silas. Vive por aquí hace años. No es mala persona, pero... es complicado.

Ella asintió.

—Justamente por eso.

Contra su propia voluntad, Silas fue convencido. Los tres entraron juntos en un restaurante elegante, con ventanas amplias y camareros alineados. El gerente vino inmediatamente.

—Señora, con todo respeto... ese hombre... él no puede... eso perjudica el ambiente.

Ella miró al gerente con gentileza firme.

—¿Conoce la empresa Allure & Co.?

Él dudó.

—Claro... es una de nuestras mayores clientes en eventos cerrados.

—Pues bien. Soy Helena Diniz. Directora ejecutiva.

El rostro del gerente palideció.

—Lo siento, no sabía...

Ella interrumpió con un leve gesto.

—Ahora sabe. Y espero que sepa una cosa más: la humanidad no se mide por la apariencia de quien entra, sino por la forma en que somos tratados al salir.

Se sentaron a la mesa. El viejo Silas seguía en silencio, sin saber dónde poner las manos. Helena lo miró a los ojos.

—¿Se acuerda de mí?

Él entrecerró los ojos.

—No... su voz me suena familiar, pero...

Ella sonrió de nuevo.

—Hace veinte años, una chica hambrienta entró en este mismo restaurante. Estaba acurrucada en un rincón, temblando de frío, y sin valor para pedir nada. Usted era camarero aquí. Y fue el único que me vio.

Él se quedó inmóvil.

—Usted trajo un plato escondido de la cocina. Pagó con lo que tenía de propina. Y dijo: "Hoy es por mi cuenta. Pero no se olvide: solo siga adelante."

Silas bajó los ojos. Lentamente, lágrimas se formaron.

—¿Era usted?

lunes, 16 de febrero de 2026

Carnaval de Gines 2026































 

El viento tira una de las cuatro jarras de azucenas de bronce que coronan la Giralda en Sevilla

Juan Pablo II señala la falta de la azucena. 

El temporal Leonardo deja rachas de 81 kilómetros por hora en el aeropuerto hispalense. La caída del elemento metálico, colocado en 1751, no ha provocado heridos, ya que la plaza de abajo estaba vacía 05/02/2026



En 1356 un terremoto sacudió Sevilla y provocó que las cuatro bolas de bronce que coronaban la Giralda almohade cayeran desde lo alto. 

Entonces el alminar de la mezquita aljama de la capital andaluza no era tal y como la conocemos ahora. El remate renacentista que diseñó Hernán Ruiz II es posterior, del siglo XVI. Y es ahí donde estaban las cuatro jarras de azucenas de bronce colocadas en 1751 y que son parte del imaginario visual de la ciudad. Casi siete siglos después de aquel temblor, ha sido el viento y no un seísmo lo que ha provocado la caída de uno de los elementos desde lo más alto de la construcción.
  



Una de las cuatro azucenas ha caído con motivo del temporal, aunque hay que tener en cuenta que no se trata de los originales. A mediados del siglo pasado el orfebre Fernando Marmolejo las sustituyó por cuatro copias de estos adornos, que simbolizan la pureza de la Virgen. Las azucenas forman parte del escudo del cabildo de la catedral hispalense, donde aparece la Giralda con dos de las jarras flanqueándola.

 

El temporal Leonardo deja rachas de 81 kilómetros por hora en el aeropuerto hispalense. La caída del elemento metálico, colocado en 1751, no ha provocado heridos, ya que la plaza de abajo estaba vacía



En sus redes sociales, el organismo eclesiástico ha informado que el incidente se ha producido a las 06:15. Tras la caída, los técnicos de la seo hispalense han hecho una "inspección visual" del resto de remates de la torre y no han detectado defectos aparentes. La intención es realizar una revisión más profunda que pueda "descartar la existencia de peligros", pero mientras tanto se mantendrá el perímetro de seguridad. La visita turística de este enclave se ha mantenido abierta con normalidad.

TEXTO: El Confidencial

En 1356 un terremoto sacudió Sevilla y provocó que las cuatro bolas de bronce que coronaban la Giralda almohade cayeran desde lo alto. Entonces el alminar de la mezquita aljama de la capital andaluza no era tal y como la conocemos ahora. El remate renacentista que diseñó Hernán Ruiz II es posterior, del siglo XVI. Y es ahí donde estaban las cuatro jarras de azucenas de bronce colocadas en 1751 y que son parte del imaginario visual de la ciudad. Casi siete siglos después de aquel temblor, ha sido el viento y no un seísmo lo que ha provocado la caída de uno de los elementos desde lo más alto de la construcción. Una de las cuatro azucenas ha caído con motivo del temporal, aunque hay que tener en cuenta que no se trata de los originales. A mediados del siglo pasado el orfebre Fernando Marmolejo las sustituyó por cuatro copias de estos adornos, que simbolizan la pureza de la Virgen. Las azucenas forman parte del escudo del cabildo de la catedral hispalense, donde aparece la Giralda con dos de las jarras flanqueándola. En sus redes sociales, el organismo eclesiástico ha informado que el incidente se ha producido a las 06:15. Tras la caída, los técnicos de la seo hispalense han hecho una "inspección visual" del resto de remates de la torre y no han detectado defectos aparentes. La intención es realizar una revisión más profunda que pueda "descartar la existencia de peligros", pero mientras tanto se mantendrá el perímetro de seguridad. La visita turística de este enclave se ha mantenido abierta con normalidad. 05/02/2026  Texto : El Confidencial


Cristo de la Expiración del Museo

La leyenda del Cristo de la Expiración del Museo y el capitan Cepeda. Durante siglos se creyó en Sevilla que el Crucificado de la Expiración de la Hermandaddel Museo, era obra del Capitán Cepeda,  y  en base a esta creencia en 1869 para honrar su memoria, a la antigua calle del Museo se le puso el de Cepeda.
Cuenta la leyenda, que a este escultor en 1575 la Hermandad del Museo, contrató  para que tallara en pasta, una imagen de Cristo en el instante de la Expiración.
Cuenta la leyenda que le salió una obra tan perfecta, que la hermandad no quiso que se hiciera otra igual.
para evitarlo obligó al autor, según lo acordado, a que rompiera los moldes y sus pedazos se arrojaran al río guadalquivir. Quedó tan afectado que iba todos los días a admirar su obra, esto le llevó a tal locura de arrojarse al río para reunirse con los moldes de su Cristo.
Texto: Cogido de la web
Foto: J. Martín Gastón #susejfotos 

Hoy por ti... Mañana por mi.

  Un hombre estaba sentado en la acera, encorvado, con las manos escondiendo su rostro y los hombros cubiertos por una manta sucia. Era un m...